27 DE JULIO

SAN PANTALEON, MARTIR

UN MÉDICO SANTO. — La Iglesia oriental celebra hoy uno de sus mayores mártires. Médico de los cuerpos y conquistador de las almas, dícese que, su nombre, que significa fortaleza del león, fué trocado por Cristo, en el instante en que se disponía a morir, en el de Panteleemón que quiere decir, todo misericordioso, símbolo de los bienes que la liberalidad del Señor se disponía a esparcir por la tierra y de la misericordia que obtendrían quienes la demandasen por su intercesión.

Sus reliquias fueron distribuidas en numerosas iglesias occidentales y su fama le colocó entre los santos auxiliadores. En la Colecta pide la Iglesia para nosotros la salud corporal tan útil como frecuente en el servicio de Dios y del prójimo.

VIDA. — Verosímilmente Pantaleón procedía de Nicomedia. Su muerte se coloca ordinariamente en los comienzos del siglo rv, hacia el 305, es decir, durante la gran persecución de Diocleciano y Maximiano. Después de haber padecido numerosos suplicios, créese murió decapitado. Su culto se popularizó en seguida extendiéndose por Occidente. Roma le consagró cuatro iglesias. Consérvase en Ravello, cerca de Amalfl, una ampolla que contiene su sangre, la cual se torna en estado líquido, como la de San Genaro, todos los años en el día de su fiesta. Es uno de los patronos de la corporación de los médicos.

PLEGARIA. — “¿Qué hay más dulce que la miel, y más fuerte, que el león?” Oh santo Mártir, tú más fuerte que Sansón planteaste y resolviste en ti mismo el enigma: de la Fortaleza ha salido la dulzura. Oh león, que caminas intrépidamente en pos del León de Judá, tú también supiste imitar su inefable mansedumbre; y así como mereció ser llamado eternamente el Cordero, así ha querido que su misericordia resplandezca en su nombre imperecedero por el que, transformando el tuyo terreno, ha querido invitarte al eterno festín de los cielos. Por el honor del que es tu timbre de gloria suplicárnoste justifiques tu nombre más y más. Sé propicio con los que te imploran, con los desgraciados a quienes la triste consunción aproxima cada día a las puertas de la tumba, con los médicos que, como, tú, se desviven por la salud de sus hermanos; ayúdales a hacer llevaderos los padecimientos físicos, a sanar los cuerpos; enséñales, sobre todo, a curar las llagas morales, a salvar sus almas.